lunes, 3 de junio de 2013

Mr. Fahrenheit in Polen

Hoy vengo a contaros el viaje más reciente que he hecho. Y bueno, le llamo viaje por llamarlo de alguna manera, porque la verdad es que fue una odisea de principio a fin. Eso sí, fueron cuatro días en los que mejor no me lo pude pasar, y conocí un país que me impresionó mucho más de lo que pensaba y que ahora recomiendo a todo el mundo visitar, porque merece la pena. Y mucho. 


Warsaw 

El viaje que teníamos pensado hacer y que, aunque con algunas alteraciones debido a las circunstancias hicimos, era Varsovia, Cracovia y Auschwitz. La primera parada era la capital, y simplemente saliendo de Heidelberg, comenzó la odisea. El autobús que nos llevaba hasta el aeropuerto de Frankfurt salía a las 8:20 y nuestro vuelo a las 12:40, llegando el autobús en dos horas y media. Un poco justos pero nos daba tiempo de sobra. O eso creíamos. El autobús se retrasó y tuvimos que correr como nunca en nuestras vidas. La misma sensación que cuando crees que vas a perder el bus, pero a otro nivel. Finalmente y tras veinte minutos corriendo conseguimos llegar, exhaustos, pero llegamos. Yo no digo que la Erasmus nos pone a prueba por decirlo. Es completamente verdad, y que tendríamos que haber cogido el anterior bus, también. 
Llegamos sanos y salvos a Varsovia y tras dejar las maletas en el hostal, que estaba bastante bien, nos fuimos a conocer la capital. Y como he dicho antes, me sorprendió bastante. Es una ciudad preciosa, diferente a otra ciudad que haya visto antes (en realidad como cualquier capital que he visitado hasta ahora). Aquí os dejo las fotos para que juzguéis por ustedes mismos. 

Calle principal de la capital

Plaza de Copérnico, que era polaco

Universidad de la ciudad

Plaza de Segismundo

Antiguo Palacio Real, reconstruido tras la IIWW. 

Casas típicas de la ciudad



Museo de Marie Curie, polaca también


Uno de los barrios de la ciudad se llama Praha


Sirena de Varsovia, símbolo de la ciudad y relacionada con la de Copenhague


Edificio de época comunista

Si tocas esta campana tres veces y giras alrededor de ella volverás a la ciudad
Típico héroe polaco
El segundo día hicimos un Free Tour, que estuvo bastante bien, y el guía era muy bueno. Gracias al tour pudimos saber cosas interesantes de la ciudad, como la leyenda de la sirena de la ciudad; era hermana de la de Copenhague (famosa por la historia de Andersen) y ambas decidieron separarse; una fue a la capital danesa y la otra a la polaca. Esta última fue raptada por un vendedor y salvada por un héroe, por lo que prometió proteger siempre a la ciudad. 
Otro dato curioso es que la ciudad es una reconstrucción casi por completo. Fue destruida un 85% más o menos durante la guerra. Y aunque obviamente no quedase igual, hicieron un gran trabajo, por lo que fue premiada por la UNESCO como una de las mejores reconstrucciones.
Bueno, y nuestra aventura comenzó cuando el segundo día empezó a molestarme el ojo derecho, como siempre, todo me pasa a mí. Tuve la mala suerte de que la lentilla me causó una pequeña herida al mezclarse con el jabón en la bolsa de los líquidos; no tuvo importancia, pero al ser en el ojo me dolió muchísimo más. El caso, tuvimos que ir al médico, y después de ir a tres distintos llegamos al único de la ciudad que tenía oculista (primera cosa lamentable de la sanidad pública polaca y en una capital) y además de recibir un trato que dejaba bastante que desear nos dijeron que tenía que esperar con ese dolor insoportable durante unas siete horas. Sin embargo, nosotros, que no tenemos más cara porque no podemos, entramos y le dijimos que me echase algo en el ojo que no podía más con el dolor (cosa que era cierta). Pero vamos, aquello era indignante y te dejaba con bastante impotencia. Así que nos pasamos una tarde entera yendo de médico a médico para nada, porque al final nos tuvimos que ir desesperados ya. La diferencia, al día siguiente fuimos a otro (por la mañana sí abrían otros) y en media hora me atendieron y todo; lo único que pasé el resto del viaje con dos gafes y el ojo tapado. Pero a los dos días ni rastro del dolor. 
Así que después del médico nos pusimos rumbo a Cracovia; siguiente parada de nuestro viaje.

Krakow

La ciudad universitaria de Polonia por excelencia también nos encantó, con la única diferencia que debido a mi problema ocular no pudimos disfrutarla tanto como la capital. Pero aún así es una ciudad que también nos encantó, y además vi a Sergy, compañero de la UPO que está de Erasmus allí y que resultó ser un guía genial. Quién nos iba a decir hace dos años cuando nos conocimos que íbamos a quedar en Polonia. 
Aquí unas fotos. 


Catedral de la ciudad. Las dos torres tienen formas distintas, debido a una leyenda que tendrá algo de verdad. Se le mandó a dos hermanos hacer una cada uno, sin embargo uno de ellos al ver que la del otro estaba resultando ser más bonita, lo mató; por eso hay una más baja que la otro. El hermano asesino terminó la suya, y luego se suicidó.

Plaza del mercado, inmensa
 
Dragón sobre el cual existe una leyenda, escupe fuego cada poco tiempo

Universidad de la ciudad

Otra vista de la plaza del mercado

Castillo de Wawel

Escalera que sirvió  para una de las escenas de la lista de Schindler

Sergy y yo en el barrio judío

Comida típica polaca

Auschwitz

Tras despedirnos de Sergy y de Cracovia, al día siguiente fuimos a conocer el más conocido de los campos de concentración; el de Auschwitz-Birkenau. 
Sinceramente, pensé que iba a pasarlo bastante peor. La verdad que no pudimos ir con un guía, sino la cosa hubiera cambiado seguramente. El campo en sí era como el de Dachau pero mil veces más grande, tan grande que no podías ni imaginar la de barbaridades que pasaron allí.
Sin embargo, la parte del museo sí que te pone los pelos de punta. En ella, además de explicarte la historia del campo, te muestran las fotografías de las miles de personas que estuvieron y murieron allí, y además al lado de ellas, fotografías de las mismas personas un par de años antes, cuando no podían ni imaginar lo que iban a sufrir.
Además, y creo que eso fue lo peor, tenían en vitrinas (inmensas, claro) las pertenencias de todos ellos; desde las maletas, hasta el pelo que les cortaban pasando por piernas ortopédicas, zapatos, ropa (de bebé incluida) o gafas. Horrible. Creo que por mucho que se visiten esos sitios, nadie que viva ahora mismo podrá ni llegar a imaginarse cómo tuvieron que pasarlo esas personas ni las atrocidades que tuvieron que sufrir.






Parte de las cámaras de gas, destruidas por los propios nazis

Monumento a todos los que murieron, en distintos idiomas
Y hasta aquí la entrada de el viaje a Polonia. Como he repetido varias veces es un país que sorprende bastante y que merece muchísimo la pena visitar (y además, muy barato).  bueno, y la vuelta resultó ser normal, cogimos el vuelo sin prisas y nadie resultó herido.

Auf wiederlesen! 

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